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cuentos urbanos #2

cuentos urbanos #2

Aún no sabía muy bien por qué tenía que hacerlo, se trataba de papeleo, pero ¿Por qué ella? El portal era inmenso y estaba atestado a pesar de ser las 9 menos cuarto de la mañana. Se había propuesto hacer todas esas cosas a primera hora para disfrutar de su día libre. Encontró la máquina que expendía los triangulares papelitos del turno, pero se le había acabado el rollo y alguién llamó para que lo pusieran. Ella miraba a su alrededor;le parecía estar en la sala de espera de un sanatorio, aquel sitio era igual de triste. Muchos miraban el papelito con su número, como buscando algo con lo que entretenerse, enrollándolo y abriéndolo. Estaban las madres con sus hijos, molestos hijos que se aburrían, como el resto, solo que estos hacían ruido.

Miró una mancha de humedad en la pared, el lugar no estaba cuidado del todo y a alguien se le había ido la mano con el aire acondicionado, porque caía una columna de aire frio. Había toses y la fila no avanzaba. Ella no dejaba de repasar la carpetilla con las hojas, temía que le faltase alguna y tener que volver. Pasaban los minutos y nadie venía a poner el rollo, la gente se agolpaba y ya era imposible saber quién estaba antes y quién después. Tarde se dio cuenta que aquella no era la fila que tenía que esperar, como poseida por una silenciosa ira subió un par de pisos, donde se encontró otra fila, si cabe, mayor. La máquina de turnos tenía papel. Produjo un extraño ruido y sacó un papelito donde ponía "097". Miró la pantallita de leds y vió en rojo brillante "007". Frustrada, no pudo evitar pensar en las peliculas de James Bond, y se evadió recordando una escena de una de las pelis. Los turnos iban cada vez más lentos y pasaban los minutos. La gente se miraba entre sí, medio incómodos, medio enfadados. ¿Por qué tenía que hacer ese mismo dia los papeles? Era su día libre y aún no había desayunado, le gustaba tomar el cafe sin prisas y por eso había decidido dejarlo para el final. Las tripas le reproducían las trompetas de Jericó y no avanzaba. Esta vez alguien se había olvidado de poner el aire y el calor era asfixiante...

Tres meses después, cuando por fín le íba a tocar, supo que ya era tarde, el tiempo de hacer los papeles se había pasado, seguramente al llegar a casa encontraría la terrible notificación, le habrían echado del trabajo, él se habría marchado de casa llevándose al niño. La pantalla de leds marcó "097" y ella triste tiró el papel y salió a la calle. Echó la carpetilla en el primer contenedor que vió. Empezaba a llover.

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